Diez cosas de Humboldt que no sabías

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Pingüinos Humboldt en islas Ballesta, Perú. Fotografía de FuGo Laura

 

Si viajáis por Sudamérica podréis conocer a los pingüinos Humboldt o estar cerca de la corriente de Humboldt. En Estados Unidos hay cuatro condados y trece ciudades Humboldt, en Berlín hay una Universidad Humboldt e incluso en la Luna existe un mar de Humboldt. ¿Pero quién es ese tal Humboldt? Hace poco cayó en mis manos La invención de la naturaleza, una reciente y magnífica biografía sobre este científico alemán escrita por Andrea Wulf. Así que aprovecho este post para reivindicar a uno de los mayores naturalistas de la historia y rescatar alguna de las curiosidades sobre su vida que podéis encontrar entre las páginas de ese libro.

 

Quién fue

Sí, lo primero es que te presente a Alexander von Humboldt (1769-1859), nada menos que el científico más conocido de su época a nivel mundial. Nació en una familia acomodada de Berlín y tuvo que estudiar Economía para contentar a su madre.

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Estatua de Alexander von Humboldt en Berlín. Fotografía de Laura del Río

Pero en cuanto pudo disponer de su herencia se lanzó a recorrer América Latina e investigar sus parajes naturales. No descubrió ninguna gran ley física pero sí la interrelación de la naturaleza y los efectos de la mano del hombre sobre el medio ambiente. Era posiblemente la persona que más sabía de Latinoamérica en aquellos años, conoció a reyes y presidentes de todo el mundo y se convirtió en el hombre al que tenían que visitar todos los jóvenes científicos que quisieran hacer carrera.

Uno de sus fans fue Goethe

El joven Alexander paso una temporada con su hermano Wilhelm en Jena, el principal centro cultural germano por aquel entonces y cuna del romanticismo. Muy cerca, en Weimar, vivía Johan Wolfgang von Goethe, considerado uno de los mayores escritores alemanes de todos los tiempos. Goethe era un humanista y además de las letras le interesaban la geología, la química o la medicina. Cuando Alexander von Humboldt visitó a su hermano en 1794, este invitó a Goethe a Jena y ambos se conocieron. Humboldt tenía tan sólo 25 años pero fascinó al escritor, que ya rallaba los 45. “En ocho años leyendo libros, uno no podría aprender todo lo que él te enseña en una hora”, llegó a decir el poeta.

Viajó a América Latina “gracias” a la Corona Española

La idea inicial de Humboldt era viajar a las Indias Occidentales o a Egipto desde Inglaterra o Francia pero ambos intentos se frustraron por distintos motivos. Así que, cansado de esperar, decidió probar suerte en Madrid y el rey Carlos IV le dio permiso para recorrer las colonias españolas de Sudamérica. Eso sí, el monarca no desembolsó ni un centavo para financiar esa expedición y le hizo prometer al joven investigador que enviaría muestras de flora y fauna para las colecciones reales. En junio de 1799 Humboldt vio como empezaba a cumplirse su sueño: junto al botánico francés Aimé Bonpland zarpó a bordo de la fragata “Pizarro” desda La Coruña, en el norte de España. Hicieron una breve parada en la isla de Tenerife, donde ascendió los 3.600 metros del volcán Teide, y a mediados de julio llegaron a lo que hoy es Venezuela. Su viaje por América Latina se prolongaría durante cinco años.

Batió un récord en escalada

Una de las obsesiones de Humboldt en Latinoamérica fue escalar el volcán Chimborazo, situado en lo que hoy es Ecuador y de casi 6.300 metros de altura. Aunque no es la montaña más alta del mundo, al estar tan cerca de la línea del ecuador su pico sí que es el más alejado del centro de la Tierra. El naturalista alemán ascendió el coloso en junio de 1802, en medio del frío y la nieve,  con el pie infectado por una herida y mucho menos equipado que los escaladores de hoy en día. A partir de los 4.700 metros hasta los porteadores se negaron a seguir con él y sus acompañantes. En su ascenso sufrieron mal de altura y vértigo pero consiguieron escalar hasta 5.917 metros y si no llegaron a la cima fue porque el camino era impracticable. Aun así, se convirtieron en los hombre qué más alto habían llegado hasta el momento. Fue allí, en lo alto del Chimborazo, donde Humboldt comprendió que todo en la naturaleza estaba interconectado, una idea que transformaría la forma de entender el mundo hasta nuestros días.

Fue uno de los primeros ecologistas

Aunque entonces no se utilizaba el término “ecologista” puede decirse que Humboldt fue uno de los primeros científicos en darse cuenta de las consecuencias que la acción humana tenía a largo plazo para la naturaleza. Desarrolló su idea del cambio climático durante sus viajes por América Latina, donde los conquistadores europeos talaron bosques para imponer en las zonas sus propios cultivos. Fue plenamente consciente por primera vez a orillas del lago Valencia, cuando los habitantes de la zona le contaron que el nivel de sus aguas estaba descendiendo rápidamente. Estudió la zona y comparó esos datos con los de la evaporación de aguas en otros ríos del mundo, llegando a la conclusión de que la tala de bosques cercanos y el desvío de agua para el regadío hacían descender los niveles de agua.

Denunció el colonialismo y la esclavitud

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Portada de La invención de la naturaleza. Fotografía cedida por Taurus

Durante su recorrido por América Latina, Humboldt no sólo se percató de los efectos del colonialismo en el medio ambiente. Quedó impactado por la forma bárbara en que los colonos trataban a la población local y reflexionó sobre los efectos de la agricultura  de monocultivo importada por los conquistadores en la forma de vida de los indígenas. Además fue un firme detractor de la esclavitud, tanto en las colonias de los países europeos como en Estados Unidos. Consideraba que no había razas superiores ni inferiores y creía que todos los hombres eran iguales. En una ocasión se indignó profundamente cuando un editor estadounidense partidario del esclavismo eliminó sus críticas a la esclavitud al editar su Ensayo político sobre la Isla de Cuba. Su enfado llegó a tal punto que envió un comunicado de prensa que se publicó en los periódicos de todo Estados Unidos.

 

 Conoció e inspiró a Simón Bolívar

El naturalista alemán y conoció a Bolívar en París en 1804, a la vuelta de su viaje por Latinoamérica. Por aquel entonces el venezolano no era todavía el líder que guiaría las revoluciones de Sudamérica, sino uno joven que disfrutaba de los placeres de la vida europea. Las descripciones apasionadas de Humboldt sobre el territorio latinoamericano contagiaron a Bolívar el amor por la exuberante naturaleza de su tierra. Más tarde, convertido ya en revolucionario, utilizó con frecuenta esas referencias a la fuerza de la naturaleza para arengar a sus tropas. Además, en el inicio de la revolución Bolívar utilizó los libros escritos por Humboldt para conocer el resto de un continente por el que él todavía no había transitado. Más tarde instauró varias leyes para la conservación de los bosques inspirándose en las ideas ecologistas de Humboldt.

Influyó decisivamente en Darwin

El inglés Charles Darwin, padre de la Teoría de la Evolución, fue un gran admirador de Humboldt. Leyó de cabo a rabo Personal Narrative, los siete volúmenes en los que el naturalista prusiano relata su viaje por Sudamérica. Esa lectura le animó a embarcarse en 1831 en el Beagle, el barco en el que durante cinco años recorrería parte de América Latina y Australia realizando investigaciones geológicas, cartográficas y zoológicas. Tenía 22 años y el inicio del viaje fue mucho más duro de lo que se esperaba, en una pequeña cabina compartida con la tripulación y aquejado por las náuseas. Una de las pocas cosas que le reconfortaban era la lectura de los libros de Humboldt que llevaba consigo. Y una de sus primeras decepciones en la travesía fue no poder desembarcar en Tenerife y ver el Teide que escaló el científico alemán 30 años antes.  Ambos naturalistas se conocieron en 1842 en Londres pero Humboldt hablaba tanto que casi no dejó que Darwin metiese baza en la conversación.

Murió casi en la ruina

Humboldt heredó una importante fortuna siendo muy joven pero gastó la mayor parte en financiar sus expediciones y en sus publicaciones. Aunque sus libros fueron auténticos best sellers, él apenas ganó nada con ellos ya que en aquella época no existían los derechos de autor y tampoco percibía dinero por las traducciones. Además apoyaba económicamente a jóvenes investigadores y al final de su vida eran muchas las veces que ya estaba sin fondos a mitad de mes. Pasó sus últimos años en un apartamento alquilado en el centro de Berlín y en ocasiones era su fiel criado quien le prestaba dinero.

Es la persona con más especies en su honor

Alexander von Humboldt era tan famoso que al final de su vida recibía unas 5.000 cartas al año. Murió el 6 de mayo de 1859, a los 89 años, y decenas de miles de personas acompañaron al día siguiente en Berlín la procesión de su funeral de Estado. La noticia de su muerte apareció en periódicos británicos y estadounidenses. En 1869 se celebró el primer centenario de su nacimiento y miles de personas salieron a la calle para recordarle en Nueva York, Berlín o Ciudad de México. Aunque en las últimas décadas ha estado casi en el olvido, Humboldt es la persona con más especies y lugares nombrados en su honor. Hay casi 300 plantas y más de 100 animales que llevan su nombre, entre ellos el Spheniscus humboldti, es decir, el pingüino Humboldt.

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Un comentario en “Diez cosas de Humboldt que no sabías

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